Más urbanismo para Antofagasta

por Francisco Vergara

El diario El Mercurio Antofagasta ha publicado una columna del Subdirector  del ORDHUM, J. Francisco Vergara, sobre la falta de urbanización y las consecuencias que provoca.

Publicación en El Mercurio disponible aquí

“La choza se convierte en una estrategia de urbanismo informal más económica que el arriendo”.

Antofagasta en la actualidad presenta un conjunto de problemas urbanos que requieren mayor atención. El fenómeno del aumento de campamentos en un 985% desde 2007 se debe a una suma de factores que tarde o temprano decantan en la relación entre el nivel de ingresos y el costo de vida. Mientras el nivel de ingresos por hogar del primer decil promedia $280.000, hoy los arriendos más económicos de la ciudad no bajan de los $270.000. Esto, sumado el costo de mercadería para una familia de tres personas es aproximadamente $120.000 al mes. Ante este escenario, las personas en situación de escasez prefieren usar sus escuetos ingresos en comida y ahorrarse la deuda, viviendo en asentamientos informales.

No se engañe, las personas no se van a vivir al campamento porque quieren, sino porque se han quedado sin posibilidad de elegir. Es bueno borrar prejuicios: La gente de campamentos no es floja. El 31% tiene un empleo por cuenta propia, mientras un 48% está contratado. Es decir, la mayoría paga impuestos y aún así viven marginados. Su informalidad urbana no es algo que se buscaron, fueron excluidos. Contradictoriamente, mientras algunos viven en una choza artesanal, la ciudad tiene abundancia de inmuebles sin arrendar. En los arriendos disponibles cabrían 3.162 personas, sin embargo, el número de chozas se sigue reproduciendo.

En este escenario resulta inexplicable la displicencia de las autoridades con la ciudad, renunciando al urbanismo. En una nación donde el urbanismo alguna vez fue considerado ejemplar, hoy vemos que la imaginación del futuro de nuestros espacios comunes agoniza ante la premura de un conjunto de urgencias propias de una forma de hacer ciudad reaccionaria. La ciudad dejó de pensarse como un ente complejo multidimensional, y se convirtió en el resultado de una serie de intervenciones que resolvían urgencias.

Esto hizo que se buscaran soluciones, pero no proyectos de ciudad, destruyendo la concepción colectiva de lo urbano. Fuimos “apagando incendios” de lugar en lugar, cuando en realidad hemos urbanizado sobre brasas. Campamentos, precios brutales, contaminación, perros vagos, caos vial, todo se puede explicar por la ausencia de un urbanismo integral. Ayudémonos y volvamos a hablar de la vida urbana, de la importancia de lo cotidiano, de una Antofagasta nuestra.

J. Francisco Vergara Perucich

Urbanista y académico UCN

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