La oportunidad de la inmigración

por Luis Miguel Rodrigo

Director del Instituto de Economía Aplicada Regional,  IDEAR

Académico del Departamento de Economía

Es cierto, están llegando más extranjeros a la región. En los últimos años hemos pasado de 8.257 inmigrantes extranjeros (CASEN 2009) a 26.624 (CASEN 2013), lo que ha supuesto multiplicar por tres su población en sólo cuatro años. En los últimos años todos hemos visto como estos recién llegados se han ido integrando en los más diversos rubros y espacios de la región. Llegaron médicos, académicas, garzones, profesoras, operarios, peluqueras, bomberos de bencineras, ingenieros, psicólogas, empresarios, trabajadoras domésticas y muchos, muchos comerciantes.

El arribo de todas estas personas, con todas sus energías, capacidades y talentos, supone sin lugar a dudas la mayor oportunidad de desarrollo económico y cultural que ha tenido esta región en mucho tiempo. Hay que recordar aquí, que uno de los principales problemas de la región ha sido la  escasez de población en comparación con el centro del país; esto ha producido históricamente que su peso político y, por tanto, las inversiones públicas que recibe del Estado, sea muy inferior al aporte que realiza a la economía nacional. Con las actuales tasas de fecundidad de las mujeres chilenas, la única forma efectiva de incrementar la población activa de esta región pasa por la inmigración.

Otro problema crítico de Antofagasta, que amenaza de hecho su sostenibilidad económica en el largo plazo, es su alto nivel de concentración productiva en torno a la minería del cobre. Todos sabemos que es urgente diversificar la economía regional (sin abandonar nuestra ventaja estratégica en minería), hacia otros sectores de actividad: servicios avanzados, industrias metálicas, agricultura en el desierto, energías renovables, turismo, etc.  En este sentido, el enorme potencial de los inmigrantes como dinamizadores de la economía y de la cultura de un territorio es sobradamente conocido. Éstos podrían generar una masa crítica de trabajadores y empresarios, diversos y especializados, capaces de impulsar y sostener las innovaciones que requiere el desarrollo regional.

Por todo anterior, deberíamos aprovechar las enormes oportunidades de desarrollo que nos brinda la inmigración extranjera. Hay que recordar que las sociedades más prósperas y dinámicas son aquellas que han aprendido a atraer, integrar y gestionar la diversidad. Por eso, haríamos bien es esforzarnos para que los flujos de inmigración que ya existen no se detengan, haríamos muy bien en convertirnos en una sociedad amable y acogedora, que facilitase e incentivase los procesos de integración positiva con los recién llegados. Y recuerden que esto no se logrará sólo con políticas públicas. Aquí  la actitud de todos importa.

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